Si la esencia estuviera
inscripta en el cielo,
y un ojo infinito en constante vigilia
me enjuiciara a cada paso,
¿qué sería de mí durante el sueño
o en el silencio de nuestros actos?
Soy para vos, por haberme hallado dentro tuyo, amor.
Somos a donde vayamos el elemento que doblega al lema
del colaboracionismo: “La humanidad”.
Pero colaborar es otra cosa:
es besar una mejilla habitada por enlaces oníricos; es jugar con un niño que
nunca olvidará nuestra presencia jamás, aunque sólo haya sido una vez; es la mirada que
compadece a uno que vende medias en la vereda como disco rayado, y le compra porque
de soledad, todos sabemos; es un pescador que devuelve sus presas al río y aun sin presa
A fin de cuentas, es saberse mortal,
y solo un paladar exquisito es capaz de crear. Y, si al fin y al cabo,
hemos de morir, que cada muerte sea una invención,
algo tan único como todo lo creado durante la vida.
Seamos justos, si la fatalidad
es amiga y consejera
hagamos de ella un
enigma que cifre todos los ocasos.